¿Quién llora a Ricardo Lagos? Un test empírico

¿Quién llora a Ricardo Lagos? Un test empírico

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¿Quién llora a Ricardo Lagos? Un test empírico

“Ricardo Lagos se bajó y el 4% del electorado lo llora inconteniblemente”. Fue el comentario ácido pero harto certero de un twitero aquel día. Lo que yo me pregunté es quiénes son esas personas, esos ciudadanos, que fueron políticamente derrotados. Porque independientemente del nombre del líder, lo que debería ocuparnos es saber a qué segmento representaba… qué parte de la sociedad perdió el juego del poder.


“El laguista, digo yo, es una persona que simultáneamente cumple tres condiciones empíricamente comprobables: tiene una filosofía de izquierda, tiene una vida burguesa, y aprecia muchísimo el presidencialismo de nuestra república.”

Cuatro por ciento es muy poco; seguro Lagos atraía más que eso. Hay sin duda personas que por el motivo que sea preferían decir otra cosa en las encuestas. Pero tampoco hay que exagerar. Podemos triplicar la cifra y todavía sería apenas 12%. ¿Razonable asumir que los verdaderos laguistas, esos que lo lloran y lloran estos días en columnas y redes sociales, son entre el 10 y el 15% de los votantes?

Pero más que el número, insisto, ¿Quiénes son? ¿Cuál es el perfil del laguista que hoy llora a su líder? Yo sostengo que el laguista puede ser identificado empíricamente con alto grado de precisión. Cosa nada menor en política, un ámbito tan difícil de estudiar en serio. Y creo que entender quiénes son los laguistas, es decir, quienes acaban de ser derrotados en la arena pública, ayuda a visualizar qué está pasando en Chile.

Vamos al asunto: El laguista, digo yo, es una persona que simultáneamente cumple tres condiciones empíricamente comprobables: tiene una filosofía de izquierda, tiene una vida burguesa, y aprecia muchísimo el presidencialismo de nuestra república. Puede tener otras características adicionales, pero eso es irrelevante para la identificación. Si tiene estas tres -¡y deben estar las tres!- es laguista.

Me explayo sobre cada característica. Tener filosofía de izquierda significa estar a favor de los típicos temas valóricos de la izquierda, esto es, a favor del aborto, del matrimonio gay, de la legalización de la marihuana. Es tenerle desconfianza a la iglesia católica e incomodarse con la detención por sospecha. Es además sentir molestia por los abusos y desigualdades del sistema de pensiones, de salud y educación; pero así, de manera general, filosófica, más a nivel de diagnóstico que de propuestas concretas.

Tener una vida burguesa, por su parte, es tener unos ingresos claramente por encima del promedio nacional (ganar más de un millón de pesos, digamos) sin ser rico, mandar a los hijos a escuelas privadas, atenderse en la salud privada, tener uno o dos autos, laptop y casa/depto propio (pagándola con crédito hipotecario). Significa disfrutar alegremente de los productos y servicios de este mundo comercial en malls, supermercados, restoranes, en el servicio de cable e internet en el hogar. Sentirse como un cliente que siempre tiene la razón y que tiene derechos de consumidor. En fin, alguien que aprendió a jugar -y bien- el juego de la economía de mercado.

Por último, el sistema político con el que se siente cómodo el laguista es el único que ha conocido, es decir, nuestra república estilo monarquía constitucional, en que el presidente hace todo: tiene la iniciativa legislativa en el Congreso, define los presupuestos de absolutamente todo proyecto de Arica a Punta Arenas, y es dueño de otorgar o denegar todo permiso, autorización, y regulación (poder de visto bueno o malo para cada Plan Regulador, para cada autorización ambiental de cada proyecto, etc). No está de acuerdo con decidir cosas importantes a través de referéndums o plebiscitos, pues considera que las masas son incultas, irresponsables y/o inmaduras. Mala también le parece la idea de quitarle presupuesto y poderes a los ministerios para entregárselos a los alcaldes o gobernadores regionales electos. Prácticas de otros países, como que los jueces y jefes de policía sean electos, le parecen de una liviandad atroz.

Ahora ya estás listo para ir por la vida identificando laguistas. Simplemente consíguete un entrevistado y convierte lo anterior en preguntas: ¿estás a favor del matrimonio gay? ¿te molesta que los curas metan su discurso en el vida pública? …. ¿Tienes auto? ¿Tus hijos van a colegio privado?… ¿Crees que debería haber plebiscitos para decidir los cambios de impuestos, el salario mínimo, el Plan Regulador?

Haga la prueba en su casa. En serio.
Si tengo razón, concluirá a continuación que entonces tiene mucho sentido que tal grupo no sume más del 10-15% de la gente. ¡No hay muchos más burgueses de izquierda, de partida! Y entonces ahora pregúntese si es bueno o malo que ese segmento de la población haya sido derrotado días atrás. Deje de pensar en la cara de Lagos, y piense en el ciudadano que piensa así. Porque ese es el que verdaderamente perdió.

fuente lopehan, ¿Quién llora a Ricardo Lagos? Un test empírico