¿Cómo debe ser el viaje hacia la nube?

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En el entorno TI actual la pregunta no es si las empresas deberían migrar a la nube, sino cuándo y qué tan pronto lo harán. En otras palabras, el verdadero dilema pasa por definir la forma del viaje.  Ante este escenario, creemos que la mejor opción es contar con un conjunto de servicios que marcan tres etapas esenciales de este “viaje”.
En primer lugar, se debe hacer un levantamiento y evaluación, lo que entrega un roadmap u hoja de ruta del viaje; luego, se deben proveer servicios de migración a la nube, lo que implica no sólo la migración de servicios, sino también un ajuste cultural y de procesos al interior de la organización; y en tercer lugar, se debe realizar una administración y optimización continua de los servicios en la nube.
Recomendamos partir por una asesoría que le permita a la empresa u organización evaluar la madurez de sus servicios, con un enfoque moderno y ágil para la entrega de estos, en donde la nube híbrida es la plataforma habilitante más eficiente. Esta consultoría genera un roadmap estratégico para el viaje a la nube.
En paralelo a esto, las empresas pueden empezar a probar diversas cargas en la nube, para generar insights o aprendizajes que posteriormente serán valiosos al momento de generar un plan de trabajo. En este contexto, algunos ambientes que podemos mencionar como buenos casos de uso iniciales son: ambientes de desarrollo o test, portales web, aplicaciones móviles, aplicaciones con grandes variaciones en el consumo de recursos computacionales a lo largo del tiempo, ambientes de respaldo o para recuperación ante desastres. Disponer de estos ambientes para hacer pruebas es muy importante para llevar a la práctica la teoría del roadmap, y ver cómo la organización y los equipos se adaptan a estos cambios.
El utilizar servicios de nube produce múltiples beneficios, entre los cuales destacan la flexibilidad, agilidad, optimización de costos, escalabilidad y aceleración de la innovación. Con respecto a la flexibilidad, en ambientes on-premise, la empresa está atada al pronóstico de uso de recursos que se realizan periódicamente, corriendo el riesgo de subestimar su capacidad (en cuyo caso no podrá entregar el servicio adecuado) o de sobrevalorarlos (en cuyo caso habrá gastado capital en forma innecesaria).
Con los servicios de pago por uso de la nube ya no es necesario enfrentar este complejo dilema gracias a la flexibilidad en el uso de los recursos, pagando sólo por lo efectivamente usado. La oferta en la nube propicia la agilidad mediante diferentes mecanismos que propician acelerar el despliegue y evolución de los servicios, permitiendo cubrir de mejor manera las necesidades de los usuarios.   Asimismo, los servicios de cloud permiten optimizar costos, pues la nube, bien gestionada, reduce los costos de mantención y administración de los recursos consumidos.  Es importante en este ámbito un correcto acompañamiento de expertos para realizar ajustes en el tiempo. La escalabilidad, en tanto, es posible pues una nube híbrida bien diseñada permite escalar rápida y eficientemente frente a necesidades recurrentes o simplemente no previstas.
Y finalmente, acelera la innovación, pues la nube permite usar servicios administrados de valor agregado sin necesidad de diseñarlos desde cero o tener especialistas en administración. Ejemplos de estos servicios son el uso de bases de datos como servicio, o soluciones de analítica/inteligencia artificial administradas, entre un catálogo enorme de posibilidades. En casos de nube pública estamos accediendo a la innovación de nuestros partners globales.
Para que el viaje a la nube se traduzca en valor agregado para su organización, recomiendo no mirar una migración a la nube pensando que es simplemente un movimiento de centros de datos. Se debe entender que la nube implica nuevos modelos operacionales y de consumo de recursos. Si uno se mueve simplemente reemplazando máquina por máquina es posible que al final del ejercicio de migración se encuentre pagando lo mismo, o aun más de lo que actualmente se está pagando por una plataforma tradicional on-premise. Esto depende de varios factores, como el poder y volumen de compra de la organización, entre otros.
Otro punto a destacar es que se debe realizar la migración pensando en las aplicaciones y/o servicios que deben ser migrados, y no pensando en los servidores u otros elementos de almacenamiento y/o comunicaciones que actualmente entregan estos servicios. Si bien la migración lift & shift (donde se migra servidor por servidor, sin cambiar nada en el camino) es la aproximación más simple, es mejor invertir un poco para hacer un levantamiento inicial más exhaustivo, que permita determinar qué tipo de migración conviene realizar. Para esto, junto con el levantamiento a nivel de plataforma, se debe realizar el levantamiento a nivel de aplicaciones, para asegurarse de descubrir las relaciones entre los distintos elementos para entender bien la situación, y de ahí actuar en consecuencia.
Otro aspecto crítico es planificar la migración en olas, agrupando los servicios a migrar en unidades que hagan sentido de acuerdo a un criterio previamente establecido.
Finalmente, se debe recordar que el modelo de nube más usado es el de nube híbrida multicloud, o en muchos casos “bicloud”, una nube pública junto a una nube empresaria o privada, pues no siempre una nube pública va a ser la solución a todos los casos o sistemas. Lo importante es que el modelo operacional debe mantenerse entre las distintas soluciones incorporadas, de manera de no encarecer la administración y operación de los sistemas.
Por Javier Romano
Director Cloud Services & Tecnologías Disruptivas de SONDA

fuente:

Francisco

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